El parque de atracciones de la vida

Publicado: septiembre 24, 2011 en Reflexiones

Tirando del refranero popular me viene a la cabeza uno ahora como anillo al dedo, me refiero concretamente a aquel que dice aquello de dos caras de la misma moneda para referirnos a aquellas situaciones en las que podemos pasar de un extremo a otro, y del otro al uno nuevamente, sin por ello dejar de ser la misma cosa.

Hay momentos en los que según las circunstancias podemos verlo todo “sencillamente” como si se tratara del mejor de nuestros sueños, momentos en los que sentimos tocar el cielo con nuestras manos, sintiéndonos más vivos y optimistas que nunca, con unas ganas irrefrenables de que los minutos sean horas y las horas días, pudiendo estirar el tiempo como si de un chicle se tratase con el “único” fin de poder alargar ese maravilloso estado hasta el infinito.
Sería algo parecido a lo que se narra en esta CANCIÓN (te recomiendo que antes de seguir leyendo la escuches y que más que su música -por si pudiera no gustarte- prestaras especial atención a su letra y a lo que se puede leer entre líneas).

Sin embargo hay otros momentos en los que las circunstancias cambian y en los que vemos las mismas cosas que antes vivíamos como sencilla y llanamente maravillosas (como si fueran sacadas de cualquier cuento de hadas al mas puro estilo “bucólico-pastoril”) bajo la sombra alargada y gris que crean las nubes grises que pueblan nuestra mente, haciendo que nos bloqueemos (cuando no, que sintamos la irrefrenable tentación de mandarlo todo a la mierda) y nos sumamos en un estado que no eramos capaces de imaginar casi ni en la peor de nuestras pesadillas.
En esos momentos y enfrentado al estado descrito anteriormente, sientes ganas de nada, sueñas con cerrar los ojos y que al abrirlos todo haya acabado.
Todo esto (fundamentalmente los sentimientos y sensaciones que se experimentan entonces) quedan bien ilustradas en esta otra CANCIÓN (al igual que en el caso anterior te recomiendo que la escuches antes de seguir leyendo).

Como si de la moneda se tratase, cuando la miras desde una distancia más alejada que lo que mide tu nariz, comienzas a comprobar que las circunstacias y los sentimientos (por poner una palabra que resuma algo tan amplio, complejo y que engloba tantas y tan profundas cosas) cambian, evolucionan, se suceden (no necesariamente se pasa de lo primero a lo segundo, puede ser perfectamente al revés y/o incluso sucederse de uno a otro y del otro a uno como lo hacen los días en el calendario) haciéndonos sentir como si de una montaña rusa se tratase, que sube y baja y todo ello a un ritmo acelerado; sin embargo, es entonces cuando sueles darte cuenta que lo único que no cambia es aquello que genera esa sucesión de estados y sentimientos, todo ello es lo mismo… la misma persona, el mismo trabajo, la misma familia… pero ante todo ello caben tantas maneras de verlo como colores existen en el arco iris… tantas caras como tiene la moneda sin que por ello pierda ni su encanto ni su valor.

Ante este panorama solemos resignarnos a echar la moneda al aire esperando que tras esos instantes en los que tarda en volver a la tierra desde el cielo, aterrice de pie y con el resultado que deseamos, sin embargo muchas veces no nos damos cuenta de que siempre podemos hacer trampa y tirarla hacia arriba de manera que caiga de la manera que deseamos… sólo hay que ser un poco más rápido 😛

P.D.: para poder hablar de algo no hay nada mejor que haber pasado por ello antes.

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